Nueva York: donde la ficción se vuelve realidad y la realidad supera a la ficción.

14 Nov

Nueva York,

Ya sólo con nombrarla nos vienen a la mente rascacielos, gente, grandes avenidas, taxis amarillos, la estatua de la libertad, luces, música de fondo, cine y espectáculo.

En el fondo todos conocemos Nueva York, la única diferencia es que nunca hemos estado en allí y cuando por fin estás en ella todo parece tan irreal que piensas que sigues viviendo en un sueño; lo que ves ya lo has visto, pero a través de una pantalla de televisión, cine, ordenador o a través de las fotografías y/o imágenes creadas por nuestro cerebro a través de pedacitos de información contenidos en canciones, historias y vivencias de otros.

Y es que Nueva York es esa ciudad cantada por Sinatra, donde murió John Lennon tras imaginar un mundo mejor y el ratoncito Fievel descubrió que sí había gatos en América; donde Robert de Niro conduce taxis y Macaulay Culkin anda perdido en Navidad; donde unos simpáticos amigos nos enseñaron que compartir piso en Manhattan era divertido y unas treintañeras de tacones altos nos confesaban sus escarceos amorosos mientras King Kong escalaba el Empire State y donde unos tipos con láseres encierran a fantasmas traviesos en sus trampas mientras tortugas mutantes expertas en artes marciales nos protegen de los malos.

Nueva York es un símbolo, un icono, una marca y un imán. Te atrae aunque no seas un urbanita, te fascina, te agobia, te impresiona y te sobrecoge a la vez. Te sientes en la capital del mundo, donde todo puede ocurrir y ocurre. ¿Dónde si no?

Símbolo de poder, de grandeza, buque insignia de la civilización occidental y máxima expresión del sueño Americano. Nueva York puede pecar de soberbia, de estar por encima de todo, del bien y del mal, pero también es frágil como demuestran los sucesos trágicos del 11 de Septiembre que dejaron una ciudad mutilada, con su ego malherido y una cicatriz que aún no ha acabado de cerrarse. No merecía tal castigo, pero sin duda estos hechos la hicieron despertar y darse cuenta de que era sólo un pedacito más y bastante pequeño de este planeta de 7 mil millones de habitantes. Sin embargo, 10 años después sigue más viva y radiante que nunca, como pude comprobar al visitarla recientemente.

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Panoramica West side

14 Nov

Panoramica West side

Lecciones de supervivencia

30 Oct


Ya hace un par de semanas que no escribo ninguna entrada y quizás se deba a que estas dos últimas semanas han sido bastante tranquilas y dominadas principalmente por el trabajo y la rutina. Sin embargo, los fines de semana siempre hay alguna oportunidad para romper esa rutina y experimentar el modo de vida Americano en primera persona.

Montando un refugio en el bosque, con hojas y ramas

Hace un par de sábados me apunté a una ruta por el bosque con 2 compañeros de trabajo más. La ruta era guiada por un “supuesto” experto en superviencia, algo así como la versión no televisiva de “el último superviviente”. El tipo nos reunió en un campo de futbol a las afueras de greenbelt donde empezó a darnos lecciones sobre plantas comestibles, entre ellas el propio trébol que crecia en el césped del campo, el cual nos invitó a que probáramos sus flores. Ya metidos en el asunto, nos invitó a descalzarnos y nos enseñó a andar de puntillas, imitando a los animales, algo que según él aprendió de los nativos americanos. Al mismo tiempo sugeria que dejáramos la mente en blanco y agudizaramos los sentidos para sentir mejor todo aquello que nos rodeaba, desde el césped húmedo bajo nuestros pies hasta el cantar de los pájaros del bosque cercano. Después de esta “curiosa” experiencia, por llamarla de alguna manera, nos volvimos a poner nuestras botas y empezamos a andar por un camino hasta adentrarnos en lo más profundo del bosque de Greenbelt. Nuestro guía nos mostró una antigua fuente de agua que utilizaron los primeros colonos que se asentaron en este rincón de Estados Unidos y más adelante nos llevo a una antigua cabaña abandonada, de la cual ya solo quedaban algunas maderas caídas, restos de una hoguera y una silla. A unos pocos metros, en un claro, decidimos empezar a construir un refugio, siguiendo sus indicaciones. Según él, aprender a hacer un refugio nos salvaría de la hipotermia en el caso de que algún dia nos perdiéramos en el bosque (siempre que se trate de un bosque con abundancia de hojarasca y ramas caidas, claro). Para construir el refugio, colocamos un tronco de unos 2 metros de largo en posición horizontal, sobre 2 ramas cruzadas con forma de tirachinas. Esta seria la estructura básica del refugio, sobre la cual iríamos colocando ramas a modo de “costillas” en los laterales, formando el “esqueleto” de la estructura. A continuación, cubrimos el refugio con hojas y ramitas, creando el techo y tapizamos el interior con una alfombra de hojas. Todo este proceso no nos llevó más de 10 minutos, participando 6 personas.

Una vez terminado, probamos nuestro refugio, metiéndonos dentro y comprobando su comodidad, a pesar de sus reducidas dimensiones (no más grande que una casita de perro).

Tras desmontar el refugio y esparcir de nuevo las hojas y ramitas que habiamos utilizado como materiales de construcción, volvimos hacia el campo de fútbol y regresamos a nuestros coches, despidiendonos del guía y los demás compañeros de excursión.

El resto del día lo pasé en casa hasta que, una vez anocheció, fui invitado por mis vecinos a ir a cenar a una zona de las afueras de Bowie, un pueblo cercano. El bar en cuestión era un local de la cadena “Buffalo wild wings“, especializada en comida Tex-Mex y su interior era algo así como un estadio de futbol americano, lleno de fans con sus cervezas y sus alitas de pollo a la barbacoa, solo que en vez de estar gritando en directo a los jugadores de su equipo lo hacían a una pantalla de televisión. El local estaba lleno de pantallas proyectando partidos de baseball y futbol americano, deportes que no entiendo (ni me molesto en entender). Sin embargo, fue como una experiencia sociocultural bastante intensa, que me hizo darme cuenta, después de 3 semanas que, de verdad, estaba viviendo en el país de la cultura televisiva y el fast-food. Solo faltaba un cartel con luces de neón diciendo: ” Wellcome to America, Albert!”

La calabaza de halloween

Ya más recientemente he vuelto a recibir lecciones de supervivencia y convivencia entre los yankis. Este fin de semana es Halloween, y siguiendo el dicho “allá donde fueres haz lo que vieres” compré una calabaza y decidí vaciarla y decorarla, poniendole ojos, nariz y boca y una vela en su interior, para hacerla aún más “fantasmagórica”. No obstante para ir a comprar la calabaza necesitaba ayuda externa es decir, alguien con coche que me acercara al pueblo más cercano. De modo que le pedí ayuda a un compañero de trabajo el cual decidió llevarme el viernes por la tarde a Greenbelt, junto con mi otra compañera española de estancia en Patuxent. Una vez en Greenbelt, aproveché para comprobar si podia sacar dinero en un cajero automatico y BINGO! mi tarjeta funcionaba. Prueba superada. Luego compré algunos sellos y eché un par de cartas en el buzón y finalmente compré mi calabaza y 4 cosas más para ir sobreviviendo alimenticiamente. Tras la compra, nuestro amigo nos devolvió a Patuxent. Por el camino le comentamos que estabamos pensando en ir a pasar el sábado en Washington, por lo que le pedimos que nos acercara a la estación a la mañana siguiente, a lo que él contestó con un “os llamaré más tarde”. Llegó la noche y no sabiamos nada, hasta que, finalmente, nuestro amigo llamó a mi vecina española alrededor de las 10 de la noche, diciendo que a las 9 y media de la mañana nos venía a buscar.

El sábado amaneció frío y lluvioso, pero a pesar de todo estabamos decidios a salir y aprovechar el dia, aunque fuera yendo de museo en museo por Washington DC. Nuestro amigo se retrasó media hora y olvidó su tarjeta para acceder a la reserva por lo que, bajo la lluvia, tuvimos que acercanos hasta la puerta del refugio de Patuxent, donde por fin nos subimos al coche y nos llevó a la estación. Por el camino, nuestro amigo nos dió una tarjeta con numeros de telefono de 2 compañias de taxi, ya que a la vuelta no nos podria recoger en la estación y devolvernos a patuxent, por lo que deberiamos llamar a un taxi para regresar.

Lección de superivencia: cuando un yanqui ya te ha llevado 2 veces en coche, la tercera ya es abusar, por lo que “correctamente” te invitará a que cojas un taxi y dejes de tocarle los coj****.

El día fue uno de los más fríos (sino el que más) y lluviosos que recuerdo desde que estoy aquí. Pero aun así, aprovechamos el día al máximo. Tras llegar a Washington, tomamos el metro hacia el zoológico y, a pesar de que con la lluvia la mayoria de animales no estaban visibles, el lugar posee muchos recintos cerados y exposiciones de puertas adentro que pudimos disfrutar, entre ellas una recreación de la selva amazónica en una especie de invernadero gigante, con aves, monos e incluso un río con peces gigantes del amazonas! Lo mejor fue que el zoo es gratuito y no tuvimos que pagar nada para ver todo aquello.

Después del zoo, fuimos al museo de National Geographic, llenos de ilusión. Sin embargo ésta fue desmoronandose por momentos hasta finalmente estrellarse en pedacitos por el suelo. Ya solamente para entrar teniamos que pagar 6 dólares y una vez dentro solo habian 3 exposiciones, una de la inglaterra medieval, una de fotografia submarina y otra de fotografias de grandes felinos (ésta última estaba por fuera del recinto y no hacia falta ni entrar, por lo que podriamos habernos ahorrado los 6 dólares y darnos una vuelta por los alrededores del edificio, que para el caso era lo mismo). Creo que es un museo bastante nuevo y todavía no está muy definido, por lo que puede ser decepcionante, sobre todo para aquellos que somos seguidores de la revista national geographic, pues sobretodo es una revista de viajes y naturaleza….y estos 2 ingredientes no estaban demasiado representados en el museo, almenos desde mi punto de vista.

Al salir del museo, nuestra decepción volvió a transmutarse en ilusión pues…estaba NEVANDO! bueno, no cuajaba, pero aun así copos de nieve inundaban el cielo de Washington DC, una bonita estampa que embellecía la ciudad pero a la vez la convertía en un frigorífico gigante…suerte que llevaba el anorak!

A pesar de que era pronto, apretaba el hambre y decidimos andar hasta China Town y cenar en un restaurante asiático. Esta vez nos inclinamos por la comida India y acertamos. Me gustó más que el restaurante tailandés al que fuimos la otra vez. Después de la cena rematamos con un starbucks y nos pedimos un chocolate caliente que nos acbamos de tomar en el metro de camino a Greenbelt.

Una vez llegados a la estación de Greenbelt, pusimos en marcha nuestro instinto de supervivencia y nuestro inglés telefonico para pedir un taxi que nos devolviera a casa. Llamamos a las 2 compañias y ambas nos remitieron a otros 2 numeros de telefono, de los cuales uno no funcionaba y el otro, por fortuna, sí! por lo que pedimos un taxi y a los 5 minutos apareció por allí un taxista..Hindú!

Finalmente, y contra todo procóstico llegamos a Patuxent y a nuestras casas. Un sábado más, lecciones de supervivencia puestas a prueba y superadas con éxito!

Patuxent y DC

16 Oct

Nuevo fin de semana y nuevas experiencias en Estados Unidos.

Esta semana se celebra el 75 aniversario del refugio de vida salvaje de Patuxent, donde se encuentra el centro de investigación en el que trabajo. El sábado el centro de visitantes organizaba exposiciones y talleres para niños y familias para dar a conocer el trabajo de los biólogos que trabajan en el refugio así como aumentar la conciencia de los ciudadanos en cosas tan básicas como el reciclaje o la conservación del medio natural.

Centro de visitantes de Patuxent

Junto a una compañera de trabajo española, nos acercamos al centro de visitantes el sábado por la mañana y pudimos constantar la cantidad de gente que se habia acercado hasta allí, sobretodo gente mayor y familias con niños. En la entrada un cartel nos daba la bienvendia al “Patuxent Festival” y en su interior nos recibió un señor mayor repartiendo panfletos sobre las actividades que se celebrarían durante el día, entre las que destacaba una ruta por la reserva para observar su fauna. Como solo teniamos hasta el mediodia para visitar la zona, nos limitamos a recorrer un poco las exposiciones permanentes del centro de visitantes, una especoe de museo interactivo sobre el medio ambiente y la fauna de América del Norte, y varios “stands” de ONG’s , tanto fuera como dentro del edificio, proporcionando información sobre especies en peligro e incluso mostrando animales vivos como rapaces, grullas, patos de bosque,tortugas y salamandras.

Grulla canadiense, en Patuxent

Tras pasar un rato en el festival, nos entro el hambre y nos pusimos a comer lo que traiamos en nuestras mochilas en un rincón al aire libre. Después nos dirijimos hacia la entrada, donde habiamos quedado con otra compañera de trabajo para que nos recogiera e ir los 3 a pasar la tarde a Washington DC.

Tras subir al coche, nos dirigimos a Greenbelt, el pueblo más cercano a Patuxent y aparcamos allí para coger el tren hasta DC. El tren es a la vez metro y en media hora te deja justo en el centro de la ciudad y cerca de la zona de monumentos conocida como “national mall”. Una vez en el National Mall nos dividimos y las chicas se fueron de compras, mientras que yo decidí pasar las siguientes 2 horas en el Museo de Historia Natural.

Elefante en la entrada del museo

Todos los muesos de Washington DC son gratis y El Museo de Historia Natural es uno de los más impresionantes que he visto en mi vida. Nada más entrar, un elefante africano disecado recibe al público, montado sobre una superficie que simula un pedazo de sabana africana, donde incluso han colocado aves y todo revoloteando a su alrededor. Todos los animales disecados exhibidos estaban en posturas reales que imitaban escenas de caza, estampida, salto, vuelo o alimentación.

Sala de los dinosaurios

Gran parte de mi visita al museo la dediqué a ver la sala de los mamíferos, donde están expuestas una buena cantidad de especies de todos los continentes. La información que proporcionan está muy bien. Le doy importancia ya que en Estados Unidos hay mucha polémica con los movimientos creacionistas, que están en auge, por lo que un museo en donde se muestre y se hable de evolución es de agradecer.

Tyrannosaurus rex

Tras mi visita a los mamíferos me fui a visitar las demás salas, en concreto una sobre la evolución de la vida en la tierra, desde los primeros seres unicelulares hasta los mamuts. Esta sala es muy popular, sobretodo su parte central, dedicada a los dinosaurios, y donde pude ver por primera vez los esqueletos de varios de mis dinosaurios favoritos de la infancia, como el T.rex, el triceratops, el estegosaurio y el diplodocus.

ESqueleto de mamut

Tras ver la sala de los dinosaurios, pasé a la sala donde se exponian los fosiles y esqueletos de aves y mamíferos prehistóricos y de la edad de hielo, entre ellos los mamuts y algunos menos conocidos como los perezosos y armadillos gigantes que también poblaron el continente americano durante la prehistoria.

Ballena "voladora"

Ya yendo hacia la salida, pasé por la sala de los oceanos, con una impresionante ballena colgando de su techo y otra sala dedicada a África, donde se exponian trajes tradicionales, instrumentos musicales y objetos pertenecientes a varios grupos étnicos, sobretodo del Africa occidental.

The Washington monument

Después de mi visita al museo, volvi a la avenida central y empecé a andar por el parque que une el Capitolio con el monumento de Washington, un obelisco gigantesco, situado en el centro de la ciudad. El obelisco en su base está rodeado de banderas, cada una representando a un estado de la unión. Por detrás, la zona de monumentos continúa, pasando por el memorial de la segunda guerra mundial hasta el monumento de Lincoln. El paseo que discurre entre el monumento de Washington y el de Lincoln es mundialmente famoso gracias a peliculas como Forrest gump y escenas como ésta, aunque cuando yo fui, la zona estaba en obras y no se veia tan bonita como en el cine.

Curiosos delante de la casa blanca

Después, continué por una calle perpendicular hasta toparme con, ni más ni menos, que la casa blanca! en realidad no es el monumento más destacable por su grandeza, aunque sí por lo que simboliza, el lugar de residencia del presidente de los estados unidos y su familia. Montones de curiosos se amontonaban alrededor de las vallas que rodeaban la casa y poco después de mi llegada la policia nos evacúo a todos hasta echarnos de la calle, por lo que me dirijí hacia el punto donde habia quedado con mis compañeras de trabajo para ir a cenar.

ChinaTown

Tras reunirme con mis compañeras, nos dirijimos a Chinatown y allí acabamos cenando en un restaurante de comida Tailandés.

Después de cenar ya estabamos cansados. No habiamos parado de andar en todo el día y ya era de noche por lo que volvimos al metro y una vez en Greenbelt nos subimos en el coche y llegamos a casa. Un dia bien aprovechado. El domingo toca descanso y cargar las pilas para la semana siguiente. Hasta la próxima.

Fall

15 Oct

“Fall” es como los estadounidenses llaman al otoño, una estación del año cuya llegada es especialmente llamativa en esta parte del mundo. Esto lo pude comprobar personalmente en un viaje al bosque nacional Monongahela, en el estado de West Virginia a donde fui a pasar 3 dias tras mi llegada a Patuxent.

Colores otoñales en el Monongahela forest

Saco de dormir, algo de comida, botas, ropa para 2 días…listo. A pesar de que es sábado, he madrugado, pues me dispongo a emprender un viaje hacia West Virginia junto a 2 compañeros de trabajo. Salimos desde Patuxent a las 8 de la mañana  y tras unas 4 horas de conducir parando solo a repostar combustible llegamos a la cabaña donde nos esperaba otro compañero de trabajo con su familia. La casa disponia de todas las comodidades (tenia hasta internet!) a pesar de su localización tan remota, pues no parecía estar cerca de ningún pueblo y a nuestro alrededor todo eran montes cubiertos de una espesa masa forestal. Monongahela se encuentra en la parte central de la cordillera de los Apalaches, que cruza de Norte a Sur paralela a la costa Este de los Estados Unidos. El bosque es en su mayoria caducifolio y destaca por ser uno de los ecosistemas con mayor diversidad de árboles de toda América del Norte, unas 75 especies, según pude leer, aunque aprendí a distinguir solo unas pocas, las que me resultaban más familiares debido a su similitud con otras especies Europeas, entre ellas el haya, la pícea, el pino silvestre y varias especies de robles y arces.

Ya la primera tarde la dedicamos a explorar los bosques cercanos recorriendo los senderos indicados. Aprovechando los conocimientos de los otros colegas de Patuxent, aprendí a identificar varias especies de anfibios, en concreto salamandras que ibamos encontrando cerca de los numerosos riachuelos y troncos que salpicaban el húmedo suelo del bosque. Al regresar a la cabaña, exhaustos del viaje y la caminata de la tarde, nos fuimos a dormir no sin antes cenar una rica lasaña cocinada por la mujer de uno de mis colegas.

Luna llena

El Domingo nos despertamos pronto y tomé mi primer desayuno 100% americano, “pancakes” con mantequilla de cacahuete, sirope de arce y huevos revueltos. Para que os hagais una idea, el pancake es una especie de crepe y el sirope de arce es una especie de miel que obtienen de la savia del árbol del mismo nombre, la cual es bastante dulce. Tras este subidón de azúcar ya estaba listo para volver al monte y esta vez el día prometia ser una jornada larga de excursionismo. Nos subimos en el coche y en unos 15 minutos llegamos a la zona de Gauley, donde empezamos una ruta circular de unos 16 km a través de uno de los bosques más bellos que nunca he visto. Debido a que andaba entre biólogos y naturalistas, al mismo tiempo que andábamos íbamos también en busca de cualquier criatura salvaje que pudieramos encontrar. La abundancia de agua y troncos en descomposción hacía fácil encontrar salamandras, en concreto de 2 tipos; las “wood salamanders” un grupo de especies que se caracteriza por su cuerpo alargado y oscuro y porque respiran a través de la piel (no tienen pulmones) y las “two-lined salamanders” especies más pequeñas, de color dorado y dos franjas a ambos lados del cuerpo. Con la ayuda de los prismáticos de mis compañeros pude también identificar varias especies de pájaros, destacando por su abundancia los pájaros carpinteros, en concreto una especie que aquí llaman “tawny woodpecker” y un trepador o “nuthatch” como se dice en inglés.

grandes árboles en el interior del bosque

Tras parar para comer el sándwich tomamos el camino de vuelta, esta vez atravesando el interior del bosque y topándonos con grandes árboles y ríos de agua cristalina, donde los perros (pues también llevabamos 3 perros, uno de cada uno de mis colegas) aprovecharon para refrescarse. Fnalmente llegamos a la entrada del bosque donde habiamos dejado el coche y volvimos a la cabaña, satisfechos con la ruta. La cena consistió en comida mexicana…una de mis favoritas! tras cenar estuvimos un largo tiempo charlando y descubriendo que a pesar de nuestros diferentes orígenes, habiamos crecido viendo las mismas series y películas. No es de extrañar debido a la influencia de la cultura americana y hollywood en el resto del mundo.

El lunes amanecimos temprano, pero esta vez ya para recoger nuestros bártulos y dejar la cabaña rumbo otra vez hacia Maryland. Este es un día festivo, el “Columbus day”, día en que los Estadounidenses celebran el decsubrimiento de América, aunque por lo visto no es una fiesta con muchos seguidores y simplemente una excusa para poder disfrutar de un fin de semana largo a principios de Octubre. En nuestro camino de vuelta nos detuvimos en Seneca rocks, un promontorio rocoso todavia en West Virginia, donde pudimos visitar un centro de interpretación sobre la naturaleza de los apalaches y desde donde partía el sendero que sube hasta la cima de la roca. Desde la cima de la roca las vistas eran espectaculares, a los pies se extendia como una alfombra de colores todo el paisaje forestal del valle de Seneca (curioso nombre, pero fue bautizado asi por los colonos que llegaron a este rincón de Estados Unidos). Tras comer un snack nos metimos en el coche, esta vez rumbo a Maryland, aunque nos detuvimos antes de llegar para cenar en una pizzeria en un pueblo típico de Virginia, el pueblo con más banderas estadounidenses por metro cuadrado que os podais imaginar…si a eso unimos también los adornos de halloween colgando de las puertas, ventanas y vallas de casi todas las casas. Toda una experiencia para los sentidos.

Finalmente, tras cenar una pizza familiar compartida entre 4 (imaginaros el tamaño), llegamos a las 8 de la tarde a Patuxent, mi hogar durante mi estancia americana. En este momento pensé que ni tan siquiera llevaba una semana y ya había hecho un montón de cosas! parece que van a dar mucho de sí estos 2 meses y medio. Seguiremos informando!

 

 

 

Maryland: traffic jam, tapas and deer!

7 Oct

Empiezo nueva serie de viajes, pero esta vez ya no se trata de vacaciones sino de una estancia de 2 meses y medio en Maryland (Estados Unidos) donde voy a trabajar en un centro de investigación de vida salvaje en Patuxent, una reserva natural perteneciente al gobierno federal.

Llegada

Llegué hace dos días al aeropuerto Internacional Washington-Dulles desde Barcelona, haciendo escala en Amsterdam. Los vuelos a estados unidos son especiales por todas las medidas de seguridad que se llevan a cabo. Esto lo pude comprobar en Amsterdam, donde para embarcar te volvian a registrar el equipaje de mano y a cachearte y después de eso te trasladan a una sala de espera llamada “security room” donde esperas hasta que se te permite entrar en el avión. En mi caso, tuvimos que salir de la security room antes de entrar al avión y volver a repetir todo el procedimiento de embarque (chequeo de equipaje de mano etc.) porque al parecer la “security room” tenia una puerta abierta que daba al pasillo de la terminal y por ahí podía colarse quien fuera, por lo que no era “segura”. La situación me parecia demasiado rocambolesca, hasta tal punto llega la psicosis por culpa del terrorismo, pero la incomodidad en los aeropuertos es el precio que hemos de pagar después del 11-S.

Tras entrar en el avión y colocarme en el siento el vuelo transcurrió placidamente. En este momento te conviertes en una especie de ser privilegiado, son todo atenciones por parte de l@s serviciales azafat@s, siempre dispuest@s a servirte un té, agua, zumo de naranja o algún snack. Vi unas 3 peliculas, entre ellas piratas del caribe 4 ….la necesidad de matar el tiempo como sea.

Tras aterrizar todo fue muy rápido, casi sin darme cuenta ya estaba haciendo cola par el control de pasaporte y visados. De pronto llega mi turno y el policia que me atiende me hace las tipicas preguntas (qué vienes hacer y donde vas), me toma las huellas dactilares, me sella el pasaporte y me despide con un “have fun”.

La maleta sale rápido y me dirijo a la salida en la que…sorpresa…hay otro (sí, otro) control de pasaporte, pero esta vez con enseñar ni tan siquiera la tapa del pasaporte ya te dejan pasar. Asi que salgo y “voilá” justo delante mio hay un tipo con un cartel que pone “Chacon”. Es un compañero de Patuxent que me ha venido a recoger. Vamos al parking, nos subimos en el coche y emprendemos el trayecto a patuxent. La autopista de Washington a Baltimore es de las más concurridas de América, y un trayecto de no más de 45 minutos nos toma unas 2 horas. Antes de llegar a Patuxent nos detenemos en Greenebelt, un suburbio donde vive mi colega y compramos comida en una Grocery Store. Después de la compra volvemos al coche y en pocos minutos ya estamos cruzando la puerta de la reserva. Patuxent está cerrado al publico y mi casa se encuentra en un pequeño conjunto de viviendas que hay cerca del centro de investigación.

Las casas

Antes de llegar a casa pasamos a ver al encargado del alojamiento en Patuxent, el cual me da las llaves y me acompaña hasta la casa. Despues mi colega y el de las llaves se despiden y me quedo en casa deshaciendo la maleta e instalandome. Como un sandwich y me voy a la cama rendido…a las 8 de la tarde!

Dia 1

Amanece soleado pero frío en Patuxent. El colega que me recogió ayer ha venido en bici con otro compañero del centro y llaman a la puerta. Me acompañan hasta el centro y me muestran el camino. Está cerca, pero no se ve porque a parte de las 3 casas que hay por aquí el resto es bosque.

Camino al trabajo

Luego en el centro me presentan al resto de compañeros y me llevan a conocer el edificio y a registrarme, lo cual consiste en ponerse una pegatina con tu nombre en la camiseta. Después me llevan al despacho de la secretaria de administración, la cual me pide el pasaporte y el visado para introducir mis datos en la red del centro. Estoy toda la mañana haciendo papeleos y hasta un curso online de seguridad informatica! en realidad es una tonteria sobre qué hacer para que no te entren virus en el ordenador (no abrir spam ni descargarse cosas de internet) y ya está. Todo esto para conseguir una contraseña y un nombre de usuario.

El edificio del centro de investigación

En el centro estoy en una mesa con mi ordenador portatil, en la sala donde están los investigadores post-doc, es decir, gente que ya tiene un doctorado. Aunque no soy el único pre-doc, también hay otra chica de estancia, española! lleva ya casi un mes aqui, pero todavia no conoce mucho la zona. Es un poco complicado salir de aqui si no tienes coche. No obstante,  el resto de compañeros son muy amigables y ya el primer dia me invitan a una cena en….un restaurante español!

Aquí se cena pronto y a las 6 de la tarde salimos del centro y una compañera nos lleva a los dos españolitos en su coche hasta su casa en Greenbelt y de ahí vamos con ella y su compañera de piso hasta Bethesda, una barriada “satelite” de Washington DC donde hemos reservado mesa en el “Jaleo” el restaurante español. En la cena conocemos a gente nueva que no es del centro y empezamos a pedir un poco de todo, las tapas tiene muy buena pinta…hasta hay jamón y escalivada y bueno, las patatas bravas de rigor no pueden faltar. Comentamos lo gracioso que es que en mi primer dia esté cenando en un sitio como este, pero así la morriña se hace esperar.

A la vuelta nos lleva a Patuxent otro compañero de trabajo y nos deja en casa. Durante el camino nos comenta de ir de excursion a West Virginia el fin de semana, a lo que contestamos con un gran “SÍ”.

Día 2

Hoy ya me he levantado menos cansado y menos “perdido” pues he ido andando hasta el centro siguiendo el camino que me senseñaron ayer y me he registrado (hay que hacerlo cada dia) en la entrada. Luego he ido a mi despacho, he sacado el portatil y me he puesto a contestar e mails y empezar a organizar mi trabajo durante la estancia, por lo que tampoco hay mucho que contar del día de hoy, aunque sí que he podido aprovechar para sacar fotos de la zona y tomar unas buenas instantáneas de gansos y ciervos por el camino de vuelta a casa. Después de un poco de skype esta tarde, me he puesto a escribir en el blog. Mañana a las 7 de la mañana ponemos rumbo a West Virginia, hasta el Lunes! Estad atentos a los siguientes posts!!!

Ciervo de Virginia

 

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Diario Galápagos: Floreana y fin de viaje

30 Ago

Playa de la Lobería, en Floreana

21 de Agosto, 8 de la mañana. Emprendemos el último viaje en nuestro recorrido por las islas Galápagos, esta vez con destino Floreana, la isla habitada más pequeña y con más historia del archipiélago. Floreana está a unas 2 horas en lancha al sur de Santa Cruz y fue la primera isla en ser colonizada allá por mediados del siglo XIX. El primer colono fue el pirata irlandés Patrick Watkins, quien decidió abandonar su vida de navegante por una vida en tierra firme, aunque al poco tiempo volvió a las andadas, secuentrando un barco ballenero y regresando al continente. A Watkins le siguieron el señor José Valdizán y un grupo de presidiarios traídos del continente, los cuales fundaron el pueblo de “Asilo de la Paz” con la intención de reformar a los delincuentes e iniciar una utopía de paz y harmonía en las islas. No obstante, las rebeliones causadas por los criminales desterrados a Floreana hizo que este intento de colonización acabara también en fracaso dejando el pueblo en ruinas. Finalmente a principios del siglo XX se estableció en las islas el matrimonio Wittmer, de origen alemán, hecho que contribuyó a una oleada de immigrantes germanos y austriacos, a cada cual más pintoresco, como la enigmática y autodenominada “Baronesa” y sus tres amantes. El hijo de los Dittmer, al nacer en Floreana, se convirtió así en el primer habitante nativo de Galápagos.

Pasillos rocosos en las tierras altas de Floreana

Llegamos a Floreana a las 10:30, en un dia radiante y de inmediato nos ponemos a hacer snorkel alrededor de la lancha, cerca de una playa habitada por leones marinos. De inicio el mar parece vacío pero al aproximarnos a unas rocas cercanas a la playa vemos 2 gigantescas tortugas marinas alimentándose de algas, perfectamente camufladas y casa imperceptibles, sólo cuando nadan hacia aguas de fondo arenoso podemos darnos cuenta de su tamaño y belleza a contraluz. El agua, sin embargo, está bastante fría y las corrientes son fuertes así que regresamos al barco a secarnos y calentarnos. Desembarcamos en Puerto Velasco Ibarra y visitamos la playa negra, de arena volcánica, para seguir disfrutando del sol antes de ir a comer. Almorzamos en el restaurante Local “Devil’s Crown” y al finalizar un camión nos conduce hacia la parte alta de la isla, donde se encuentra el poblado de Asilo de la Paz. Por el camino el paisaje cambia de semidesértico a una exhuberante selva lluviosa, donde empezamos a andar por una subida embarrada hasta la cueva de los piratas. Existen varios refugios, algunos naturales y otros excavados en la roca volcánica donde se solían refugiar los corsarios, entre ellos el antes mencionado señor Watkins. Seguimos nuestras andaduras por el bosque de montaña hasta llegar a una cumbre desde donde tenemos una panorámica perfecta de las tierras altas de la isla.

Recolectando naranjas a lo largo del camino

Al bajar nos topamos con un centro de aislamiento de tortugas gigantes; en efecto, no se trata de un centro de cría como en las otras islas. Aunque Floreana tuvo en su día su especie endémica de tortuga gigante, ésta se extinguió y las que podemos ver hoy en día son ejemplares híbridos procedentes de zoológicos. Puesto que su origen genético se desconoce, se separan los machos de las hembras para impedir su reproducción y consigo el aumento de la contaminación genética. 

Despidiéndonos de Floreana

Nuestro tour por las tierras altas va llegando a su fin en esta pequeña y hermosa isla, no sin antes probar algunas naranjas locales, con la mala suerte de tocarnos una bastante ácida. Regresamos al muelle y de ahí la lancha nos devuelve a Puerto Ayora. Así concluye mi viaje a Galápagos, aprovechando hasta el último momento. Al día siguiente tomaré un avión hasta Guayaquil y de ahí a Madrid, enlazando más tarde con otro vuelo a Palma de Mallorca. Nos vemos en el siguiente viaje!